Swann recorrìa en el carruaje del mateo la localidad de Villa Tesei junto a Odette, aprovechando cada sacudòn para ejercer el arte de "La filosofìa del toqueteador".
No podìa evitar sacarle las manos de encima y ella lo dejaba hacer, porque sabìa que si intentaba frenarlo le generarìa anticuerpos que se retraducirìan en un cuerpo fogosamente indetenible.
Para distraer su visual observaba a las niñas que veìa pasar, la mayor parte de ellas sumamente agraciadas, como dicen nuestros amigos del otro lado del Canal, "easy on the eyes".
Se preguntò por què la vida era tan injusta, por què las que tienen buenas mamaderas tienen dos y las que no ni una.
Ciertas posaderas detenìan intensamente su atenciòn. El cuerpo tan sinuoso de alguna hembra le merecìa reflexiones metafìsicas lindantes con la repercusiòn de Jaspers en el postfordismo.
El culto al cuerpo cultivado en su època habìa hecho que trascendiera la nociòn de que un cuerpo femenino es un medio para el fìn de la uniòn copulativa, ahora un cuerpo femenino era un fìn en sì mismo, un todo acabado, una escultura de Praxìsteles digna de veneraciòn y servil baba servicial.
Su ausencia del don de la fe hallaba en una que estaba como un tren una suerte de sucedàneo teista que desembocaba invariablemente en el aumento de la lluvia ìntima, hasta rozar el alerta meteorológico.
Sujeto a la economìa de sus deseos, Swann no podìa evitar tener la ostensible certeza de que Odette miraba con ganas a las chiruzas de campesina inocencia y cuerpos que lo eran todo menos inocentes.
Pero confiaba en que aquellos glimps, aquella mirada fancy, en la que un amorìo se entreve y vislumbra como una inminencia truncada, cortejaban su propia disoluciòn como la insuflaciòn con no poca pompa de una pompa de jabòn.
Sintiò ardiente envidia del jabòn que recorrìa una vez por semana el cuerpo esplendoroso de Odette.
Casi deseaba haber estado en Treblinka y ser trasmutado en jabòn para darse el Lux de ahondar en los repliegues màs inèditos de la piel que no siempre amaba, pero jamàs podìa dejar de desear.
Trasportado al èxtasis por las ternezas de la boca a veces mordaz de Odette, sentìa urgente la compulsiòn a atravesarla hasta que la luminosidad del resplandor de su incircunciso capital asomara desde su garganta, glande con glotis en prodigioso contacto...
Ella hasta tal punto se consustanciò con la semàntica no verbal del corpus del himeneo, que creìa leer en su telescopio, en el instrumento que èl utilizaba para hacerle ver las estrellitas, una suerte de infatuado, hiperbòlico clìtoris, sobre cuya magnitud proyectaba un volumen proporcionalmente desmesurado de goce...